Una obra de teatro.


¿Alguna vez estaría bueno sentirse protagonista? Debe ser lindo sentirse importante, sentir que tu ausencia se nota. La indiferencia que el resto puede llegar a sentir hacia vos es lo que determina cuan protagonista sos. Podés ser de los que salen en todas las escenas, de los que tienen momentos de gloria aunque aparezcan poco o de los que salen de fondo caminando en alguna escenita por ahí. Lo triste de eso es que no lo manejas vos, lo maneja el director, un señor egoísta y siempre quejumbroso llamado destino, llamado sociedad, llamado contexto; vaya uno a saber.
Para ser protagonista tenés que armar tu propia obra, tu propia vida. Llenarla de efímeros momentos de gloria, de nostalgias futuras, de ser imprescindible. Eso último es lo  más destacable, ser imprescindible. A fin de cuenta no importa si sos de los que salen en todas las escenas, de los que tienen momentos de gloria aunque aparezcan poco o de los que salen de fondo caminando en alguna escenita por ahí; lo que importa es cuan necesario, cuan añorable sos para la gente que te importa. Si no hay reciprocidad, buscá nuevos concurrentes en otros teatros. Pero recordá: aunque a tu obra vayan sólo uno, dos o cinco espectadores, seguro, pero seguro que esos serán los que valgan la pena.

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No me sé describir a mí mismo. Lo dejo a la percepción del que me conoce y al prejuicio del que no.

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