El día después... (cri cri)

Vamos con uno de Neruda :D

No hay olvido (Sonata)

Si me preguntáis en dónde he estado
debo decir "Sucede".
Debo de hablar del suelo que oscurecen las piedras,
del río que durando se destruye:
no sé sino las cosas que los pájaros pierden,
el mar dejado atrás, o mi hermana llorando.
Por qué tantas regiones, por qué un día
se junta con un día? Por qué una negra noche
se acumula en la boca? Por qué muertos?

Si me preguntáis de dónde vengo, tengo que conversar con
cosas rotas,
con utensilios demasiado amargos,
con grandes bestias a menudo podridas
y con mi acongojado corazón.

No son recuerdos los que se han cruzado
ni es la paloma amarillenta que duerme en el olvido,
sino caras con lágrimas,
dedos en la garganta,
y lo que se desploma de las hojas:
la oscuridad de un día transcurrido,
de un día alimentado con nuestra triste sangre.

He aquí violetas, golondrinas,
todo cuanto nos gusta y aparece
en las dulces tarjetas de larga cola
por donde se pasean el tiempo y la dulzura.

Pero no penetremos más allá de esos dientes,
no mordamos las cáscaras que el silencio acumula,
porque no sé qué contestar:
hay tantos muertos,
y tantos malecones que el sol rojo partía,
y tantas cabezas que golpean los buques,
y tantas manos que han encerrado besos,
y tantas cosas que quiero olvidar.

Deje su mensaje, etc.

Hace unos cuatrocientos meses que no me aparece un "mensaje esperando aprobación", nadie comenta en este blog. Parece re fantasma este lugar, de hecho podría planear el robo de un banco que nadie se enteraría.

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Sin título y no me acuerdo el número.



Mucha gente,
conexiones hay,
también indiferencia.
El dialogo de la lengua,
prioriza al del alma.
Entonces esto es un monólogo
y estas palabras, que salen de mi espíritu,
soledad:
                Gris
                        Fría
                               Hambrienta
Ella me carcome por dentro y por fuera
y al final de cuentas, me hace compañía.
De remate, en mi fatídica melancolía resuena
la pregunta del fin de un mundo:
¿Cómo pueden dos personas comunicarse
si no pueden mirarse a los ojos?

El Elefante y la Estaca (cuento breve)

El Elefante y la Estaca (cuento breve)

Cuando era chico, me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de ellos eran los animales, y dentro de ellos, mi preferido era el elefante. Durante la función, la enorme bestia impresionaba a todos por su peso, tamaño y sobre todo, por su descomunal fuerza... pero, después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, uno podía encontrar al elefante detrás de la carpa principal, atado, mediante una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.
La estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera, apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un "árbol de cuajo" podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿Porqué el elefante no huye, arrancando la pequeña estaca, con el mismo esfuerzo que yo necesitaría para romper un palito de fósforos?, ¿Qué fuerza misteriosa lo mantiene atado, impidiéndole huir?
Tenía unos siete u ocho años, y todavía confiaba en la sabiduría de las personas grandes. Pregunté entonces a mis padres, maestros y tíos, buscando respuestas a ese misterio. No obtuve una respuesta coherente, la edad no es un impedimento para percibir la coherencia o la falta de ella en los que la gente nos dice. Alguien me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: si es cierto que está amaestrado, entonces ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta que me satisficiese.
Con el tiempo, me olvidé del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con gente que me daba respuestas incoherentes, por salir del paso y, un par de veces, con otras personas que también se habían hecho la misma pregunta. Hasta que hace unos días, encontré una persona, lo suficientemente sabia, que me dio una respuesta que al fin me satisfizo: "El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca toda su vida, desde que era muy pequeño". Cerré los ojos y me imaginé al pequeño elefantito con solo unos días de nacido, sujeto a la estaca. Estoy seguro que en aquél momento el animalito empujó, jaló, sacudió y sudó tratando de soltarse. Y, a pesar de todo su esfuerzo, no pudo librarse.
La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Podría jurar que el primer día se durmió agotado por el esfuerzo infructuoso, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que seguía se resignó a su destino. El elefante dejó de luchar para liberarse. Este elefante enorme y poderoso no escapa porque cree que no puede hacerlo. Tiene grabado en su mente el recuerdo de sus, entonces, inútiles esfuerzos, y ahora ha dejado de luchar, no es libre, porque ha dejado de intentar serlo. Nunca más intentó poner a prueba su fuerza.
Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a varias (cientos) de estacas que nos restan libertad. Vivimos creyendo que "no podemos" con montón de cosas, simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos. Grabamos en nuestra mente: no puedo. no puedo y nunca podré. Crecimos portando ese mensaje, que nos impusimos a nosotros mismos y nunca más lo volvimos a intentar. La única manera de saber cuáles son nuestras limitaciones ahora, es intentar de nuevo, poniendo en el intento todo nuestro corazón. (Jorge Bucay)

Me caigo y me levanto

Escuchen al genio, a mi ídolo. Qué grande sos Cortázar. La piel de gallina, qué identificado me siento con este señor.




Noche

 Noche

Noche, asustame, dale,
torturame con silencioso atardecer.
Yo te temo, sí , aprovecha
y bañame con melancolía, dale,
hundime en el recuerdo.

Reíte de mí si querés,
pobre tonto y miedoso.
No me tengas compasión,
inundame y abrazame, dale.

Así, a lo mejor,
en tu terror encuentre
sustento a la vida
y consuelo de compañía.

En tus brazos, sí,
ásperos y dolorosos,
pero que siempre llegan
y son fieles a mi calvario.

Noche, efímera y perpetua,
calma para otros,
penar para mí,
gracias por enseñarme
que los días no son eternos.

Sombra

 Sombra

La sombra es un pedazo que se aleja
Camino de otras playas

En mi memoria un ruiseñor se queja
                    Ruiseñor de las batallas
                    Que canta sobre todas las balas

             HASTA CUANDO SANGRARÁN LA VIDA
La misma luna herida
No tiene sino una ala

                              El corazón hizo su nido
                              En medio del vacío

Sin embargo
           Al borde del mundo florecen las encinas
Y LA PRIMAVERA VIENE SOBRE LAS GOLONDRINAS


Vicente Huidobro

Buen lunes!

Hoy en la radio escuché algo medio gracioso, hablaban de alguien que se llamaba Plácido Domingo, y uno preguntó "y el hijo como se llama?". A lo que le respondieron "Reputísimo lunes"
Jajajajaaja. (Andrés, te reís solo, qué loco que estás)

Bueno, buen lunes. Por suerte ya se acaba y mañana es martes 13. Amo los martes 13.
Una frase un poco más motivadora que la de ayer:

«Nada está perdido si se tiene por fin el valor de proclamar que todo está perdido y que hay que empezar de nuevo»

A.... don Julio... por donde andarás en estos momentos con tus divagaciones...
Saludos a los miles de lectores. (Esto no se va a transformar en un diario íntimo cursi, chau)

Domingo de mierda

¿No inventaron las pastillas para el alma todavía? ¿Cómo carajo la curo?


En fin, un temita para levantar un poco...

"Podeis enjaular a todos los pájaros del mundo, pero cantarán cuando les dé la gana, como yo"




Marina, el mar y Marea



Marina, el mar y Marea

Quedaba la mitad del ron en la botella cuando Marina empezó a cantar unos villancicos cliché de manera suave y melancólica, con voz aguda como el lejano trino de los pájaros. Ya estaba cayendo la noche, implacable y majestuosa, espantando al sol.
Marina sintió calor, era un diciembre más incandescente que los últimos que recordaba. Se levantó suavemente y, sin dejar de cantar, ocultó su embriaguez con un tonto baile mientras se acercaba lentamente a la ventana. Sus pies descalzos no hacían ruido aunque no había nadie en la casa a quien pudiese despertar. Abrió el portillo y la brisa del mar entró rápida y fugazmente en la habitación. Su fino vestido de verano ondeó en contra de su cuerpo contorneándole su hermosa figura.
A lo lejos: el mar, la playa, el pasado, las fogatas, la tragedia, el amor y el odio. Se arrepintió automáticamente de haber permitido a sus castaños ojos la vista de su penar. Cerró todo y prefirió el calor. Nuevamente el ron y los villancicos que, de pronto, se habían encontrado silenciados por sus melancólicos recuerdos. Se sentó y quemó su garganta con alcohol, tomó el lápiz negro y dibujó garabatos sin sentido en la hoja en blanco que prometía un poema. Una vez cansada de aquello, abrió el cajón que se hallaba justo encima de su regazo y sacó el antiguo revólver de su viejo.
Nueve años habían pasado desde su ida al mundo de la muerte. Marina recuerda siempre que su precisa intuición le dijo aquella mañana de febrero que algo sucedería. “el mar estaba raro”. Sintió un rumor en las olas y fue tal el miedo que ni siquiera mojó sus delicados pies en el agua. Encontró a su padre minutos después en el fresco suelo de madera del cuarto en el que yacía ahora hundida en el recuerdo. El arma estaba aún caliente, al igual que la sangre color escarlata que rodeaba al cuerpo.
Puede que jamás Marina pueda entender por qué guardó el revólver, pero lo hizo y no se dio una explicación hasta este momento en que lo sacó nuevamente de su estuche y lo sujetó con fuerza apuntando contra sí misma.
_ Puede que lo haya salvado para este momento. – dijo entonces totalmente borracha.
Pero no sintió más que antipatía y asco y en sus pupilas se marcó nuevamente la escena de nueve años atrás. Entonces lanzó el arma con fuerza contra la ventana rompiendo gran parte del vidrio de ésta y exclamó casi gritando:
_ Este camino ya se ha tomado. ¡No es el mío!
Sin embargo, era ahora inevitable la entrada del viento del mar por ese agujero en la ventana. Bebió más ron y sus mejillas se pusieron completamente coloradas.
El mar, ella estaba peleada con el mar. Por eso no quería siquiera sentir la brisa que éste le enviaba. En varias ocasiones, cuando el alcohol hervía en su sangre, solía caminar hasta la orilla e insultarlo como una loca.
Era 8 de diciembre y había que armar el arbolito de navidad. Siguió balbuceando canciones típicas y trajo el árbol junto al material para decorarlo del armario del lavadero. Lo paró y le gritó:
_ Los árboles no tienen piernas. ¿Cómo podés mantenerte tan firme?
Entonces, en un acto desesperado por derrotar al verde enemigo de plástico, lo roció con lo que quedaba de ron. Luego lo decoró irónicamente y, finalmente, lo incineró. El árbol se fue derritiendo pero algunas chispas que producían los adornos alcanzaron las cortinas y así la casa, mayormente de madera, comenzó a arder.
Marina no entró en pánico, tomó la hoja en blanco y el lápiz y se retiró del lugar. Sus blancos pies la llevaron rumbo a la playa. Mojó las suelas en el agua y se dio vuelta en vista a la casa. Era un espectáculo de chispas y colores pasionales. Sonrió.
_ Mirá cómo arde – le dijo al mar – el fuego es tu opuesto. ¡Yo soy fuego! Y nunca podrás apagarme. Marea habría disfrutado de esa fogata, me la imagino sonriendo al lado mío y componiendo un tema con su guitarra. Pero vos te la llevaste porque era poesía, mi sangre y parte de mi alma ¡Envidioso! La querías para vos puesto que las sirenas no te satisfacen. Pero Marea está acá – y se señaló el pecho – ardiendo conmigo. Nuestros nombres son un oda a vos, traidor, pero nuestras almas son un cante al fuego. Jamás podrás tenernos ni volver a tocarnos con tu sal que pretende quemar nuestras heridas. Sos inmortal, pero también inmortal será tu soledad.
Marina se sentó más tranquila y escribió todo ese discurso en el papel sobre sus piernas. Luego lo arrojó al agua y se fue caminando sin rumbo. A su izquierda: el océano; a su derecha: su casa desplomándose; al frente: su ardiente e incierto futuro.

Los ojos verdes - Bécquer


Una leyenda espectacular y poéticamente escrita. Cerrá los ojos, tomate un vino y escuchala.

Mi espíritu

Mi espíritu es débil y confuso
por eso lo fracciono en palabras.
Luego las leo y lo vuelvo a armar.

Quizás así lo fortalezca,
como quien recubre un horno con barro.
¡Y también puede que lo entienda!
porque deja de ser abstracto.

Ahora es versos y oraciones
tinta y calor,
una historia al descubierto,
una poesía destapada.

¡Qué espíritu tan desinhibido
este que quiere eternizarse y fortalecerse
porque es débil y confuso!

Diálogo

_ Bueno, todo no se puede.
_ Sí se puede, el mero hecho de intentarlo ya es todo.

Sobre mí

Mi foto
No me sé describir a mí mismo. Lo dejo a la percepción del que me conoce y al prejuicio del que no.

Los atrapados en el espacio surrealista:

Con la tecnología de Blogger.