Poema de Ko Un






La vela blanca

Nadie desea la tempestad, ¡esto es cierto!
Y, en cambio tú, blanca vela ahí fuera en el mar,
en lo hondo del corazón esperas que llegue la tempestad.
Porque sólo durante la tempestad
logras estar viva.

Oh, blanca vela paciente y nostálgica en el gran mar azul!
La lucha ha empezado.

Mi mirada no se aparta de ti.

Entre la hierba, bajo mis pies,
incluso una brisa suave es tempestad.

"Ko Un", De Estrellas en el país natal, 1984.

El reloj



El reloj

Lo que voy a contar a continuación me sucedió un lunes 11 de noviembre, hace varios años. Por aquel entonces, estudiaba yo en la Universidad de La Plata y alquilaba, junto a un amigo, un pequeño departamento en el quinto piso.
Todo comenzó a la tarde, cuando a último momento, Marcos me avisó que no iría a La Plata sino hasta el martes. Aquel mensaje de texto me puso de buen humor, pues en épocas de finales, nada mejor que estar solo para estudiar sin ser molestado por otra presencia. Sin embargo, no pude estudiar más, estaba saturado, estresado y nervioso. Cabe aclarar que venía estudiando hacía varios días. Decidí que lo mejor sería distraerme un poco. Afuera llovía torrencialmente. Prendí un rato la televisión mientras me tomaba unos mates. Cuando quise darme cuenta, ya era tarde, me había enganchado perdidamente con una película de terror que insólitamente daban a la tarde. Siempre fui asustadizo (por no decir cagón) con el género, pero también creo que las películas de miedo provocan cierto masoquismo en quien las sufre, pero que por alguna razón fuera de mi entendimiento no puede dejar de verlas.
Cuando la terminé de ver me arrepentí mucho por no haber cambiado de canal. Lo hecho, hecho está. Traté de quitarme las imágenes horrorosas de espíritus y casas poseídas con un poco de música. Empezaron a sonar The Doors. Me tranquilicé, aunque su música no fuese particularmente alegre. Sólo necesitaba distracción.
Casi sin darme cuenta, cayó la noche. Ya no estaba asustado, cené tranquilo y luego me acosté a leer. Pero los problemas comenzaron cuando apagué la luz. Allí yacía yo, acostado en la penumbra, rodeado de un silencio pesado pero repleto de ruidos en mi cabeza. Automáticamente vinieron a mí las escenas de la película y sus diálogos traumáticos. Como tratando de inyectar anticuerpos en mi mente, me puse a contar ovejas, a repasar lo que había estudiado, a pensar en personas, en la mar en coche y nuevamente vino la calma, que pareciera haber ganado la lucha dentro de mí. Bostecé. Ya venía el sueño, nada de qué preocuparse, al otro día vendría Marcos, de a poco olvidaría la fatídica película y asunto terminado. Dormité unas horas, pero cuando me moví para cambiar de posición escuché un tic-tac, un sonido que de pronto irrumpía en la habitación. El reloj. Jamás en todos aquellos años había prestado atención al ruido de las agujas al avanzar de segundo en segundo. Pero el reloj siempre había estado allí colgado en la pared pese a mi indiferencia, y sus agujas giraban y giraban en todo momento en mis horas de sueño. ¿Por qué ahora me molestaban? De golpe mi corazón comenzó a retumbar en mi pecho y lo escuché justo en el instante en que las agujas del reloj callaban efímeramente. Vaya ritmo: tum-tum, tic-tac. En la película sucedía algo todas las noches: el reloj se detenía a las 3 AM. Según contaba la historia, porque era la hora en que aparecían los espíritus.
Me destapé rápidamente, encendí la luz y miré la hora. Faltaban más de sesenta minutos para las 3. Desesperé y mi cabeza empezó su maquiavélica paranoia: tengo que dormirme antes de las 3, no vaya a ser cosa que esté despierto y el reloj se detenga. Sería terrible, ¿Qué haría en el hipotético caso en que un espíritu me visitara? Saldría corriendo a la calle…. ¿Y luego? Quizá lo mejor sea sacarle las pilas al reloj, pero de esa manera jamás sabré qué pasó realmente a las 3 y también sería rendirme ante un hecho que es poco probable que suceda. Eso queda descartado. Tengo que enfrentar la situación. Lo mejor va a ser tomar un vaso con agua e intentar dormir y a la mañana saber si el reloj siguió su curso o se detuvo.
Todo aquello se cruzó por mi mente en sólo unos segundos. Seguí el plan. Luego de beber agua, apagué la luz y me tapé acostado en la cama nuevamente. El corazón no cedía el ritmo de sus pulsaciones. Me acaloré, así que me destapé. Pero me sentí instantáneamente desprotegido (cómo se miente uno, como si la frazada fuese un escudo protector) y me volví a cubrir. Transpiraba al ritmo que me repetía “dormite, dormite”; pero sabido es que cuanto más jodés al sueño para que venga, menos viene. En ningún momento de aquella interminable noche pude razonar coherentemente. Jamás pensé en todas las lunas que había pasado solo y nada había sucedido con el reloj. Ni tampoco en las noches venideras que tendría que pasar el resto de mi vida. no, todo se resumía a aquel presente nervioso y pensaba que, con mis pensamientos, había invocado la posibilidad de que el espíritu me escuchase y viniera.
De más está decir que no concilié el sueño. Qué alguien me dé un mazazo en la cabeza. ¿Por qué no tengo un puto somnífero? Con la luz encendida tenía menos miedo. Me senté en la cama y me quedé contemplando el bendito reloj.  Tic-tac. Quedaban diez minutos para las 3. si lograba superar la situación…¡Qué tranquilo dormiría! Pero estaba negado, presentía que se iba a detener. Tic-tac. Cinco minutos. Las manos mojadas, las paredes parecían acercarse a mí para aplastarme, el aire estaba caliente. Quise pararme para abrir una ventana pero ya era demasiado tarde. El reloj marcaba las 3.
Y entonces nada, las agujas seguían su curso normalmente. Respiré hondo. Calma. Pero aún no eran las 3 y un minuto cuando el reloj se detuvo. Se me nubló la vista, entré en pánico. Para mí el mundo entero había dejado de girar. Traté de ponerme de pie para arrojar el reloj por el balcón pero perdí el eje y me desplomé medio desolado medio aliviado. Sentí el golpe en la nuca.
Marcos siguió viviendo varios años más en ese departamento. Yo no, sólo lo visito de vez en cuando. La primera vez que lo hice hablamos sobre lo que pasó aquella noche de noviembre.
_ Pero Marcos, el reloj se detuvo a las 3. Yo lo vi.
_ Sí, es que se quedó sin pilas. Las probé en el control remoto de la tele y tampoco funcionaba.
_ Menuda coincidencia fatal. – le respondí aquella noche de visita a las 3 de la mañana.  

Poema de Emily Dickinson

632

El cerebro - es más amplio que el cielo -
colócalos juntos-
contendrá uno al otro
holgadamente - y tú - también
el cerebro es más hondo que el mar -
retenlos -  azul contra azul -
absorberá el uno al otro -
como la esponja - al balde -
el cerebro es el mismo peso de Dios -
pésalos libra por libra -
se diferenciarán - si se pueden diferenciar -
como la sílaba del sonido -

Perspectiva

Perspectiva

Dentro de mis ojos
se abre el canto hermético
de las simientes que
no florecieron.

Todas sueñan un fin
irreal y distinto.
(El trigo sueña enormes
flores amarillentas.)

Todas sueñan extrañas
aventuras de sombra.
Frutos inaccesibles
y vientos amaestrados.

Ninguna se conoce.
Ciegas y descarriadas.
Les duelen sus perfumes
enclaustrados por siempre.

Cada semilla piensa
un árbol genealógico
que cubre todo el cielo
de tallos y racimos.

Por el aire se extienden
vegetaciones increíbles.
Ramas negras y grandes,
rosas color ceniza.

La luna casi ahogada
de flores y ramajes
se defiende con sus rayos
como un pulpo de plata.

Dentro de mis ojos
se abre el canto hermético
de las simientes que
no florecieron.


Federico García Lorca

Nuevo poema



Noche de plenilunio.

Aquella noche de plenilunio
un ave se perdió en el cielo
Los gritos del día eran corsarios
del silencio de la penumbra.
Entretanto un árbol velaba sus hojas muertas
frente a la ventana del chico desvelado.
Quien desgarraba en poesía
la lenta despedida del verano
Como una flor marchitándose (como su inocencia)
Como el chico que ya no era.

Sí, un ave se perdió en el cielo
aquella noche de plenilunio.

18:55

Nuevo cuento. Hacía mucho que no subía uno nuevo ^^




18:55

“Ese árbol da limones perfectos.”
Caía un aguacero feroz sobre la granja de Ulises Balaguer cuando despertó de una de sus rutinarias siestas.  Echó un par de bostezos y se levantó mientras estiraba un poco los brazos y oía los truenos que rugían afuera de la casa. Se colocó las pantuflas y caminó despacio hacia la cocina arrastrando los pies y quejándose por no haber encerado el piso de madera. Apagó la radio que había quedado encendida desde la mañana cuando Estrepitoso comenzó a rascar la puerta porque se estaba mojando y sus aullidos enternecieron el corazón de Ulises que decidió abrirle. El animal, muerto de felicidad, comenzó a secarse como lo hacen los perros, acción que irritó a Ulises y decidió ayudarlo con una toalla.
_ Mirá que no me esperaba esta tormenta, Estrepitoso, y yo sé mucho de clima. – balbuceaba mientras el animal se quedaba quietito al pasarle la toalla. Era raza perro, de tamaño mediano, color negro con una franja blanca en el hocico.
Una vez secada su mascota, preparó el mate. Tenía muchas cosas que hacer, pero con aquella lluvia no tenía pensado siquiera asomar la nariz afuera de la ventana. Lo primero que pensó fue en preparar una buena cena para su perro y él y, mientras, leer un poco de Hemingway, pero todavía era temprano. Estrepitoso fue el sucesor de su siesta, se acurrucó como una bola en el sillón de cuero que tantas generaciones había vivido y se durmió plácidamente, aunque de vez en cuando sus orejas se movían al compás de los truenos. Mientras contemplaba al perro y tomaba mates se puso a pensar en aquel sueño que había tenido esa tarde. Algunas partes se le habían borrado de la memoria, pero otras las tenía presentes, como aquella frase que Modesto le dijo antes de despertar. Se preguntó si aquello tenía algún sentido y si Modesto realmente existía o solo fue una persona inventada por su inconsciente. La realidad es que le parecía poco creíble que alguien pudiese llamarse así, pero no lo descartó, con la vejez había perdido bastante capacidad de retener información.
Afuera el cielo estaba negro y parecía de noche.
Cuando se paró a cambiar la yerba recordó abruptamente gran parte de su sueño. El shock fue tan grande que exhaló aire ferozmente provocando que  Estrepitoso se despertase y quedase mirándolo sin entender.  “Buscalo aunque llueva, es la clave”. Eso fue lo que más le dio vueltas en la cabeza. Así que cambió rápidamente de parecer y sin importarle agarrarse una jodida gripe se calzó sus botas para el barro, su impermeable y salió a pesar de la tempestad. A su fiel compañero no le molestó mojarse por segunda vez en el día.
_ Cuando regresemos te preparo una rica cena, Estrepitoso. El canino no comprendió sus palabras pero movió la cola y ladró como asintiendo.
Perro y dueño se adentraron por un camino enlodado. Lo más probable es que si Estrepitoso hablase le hubiera preguntado “Patrón, ¿Adónde vamos?”, aún así lo siguió pues con determinación de encontrar su destino o no, Estrepitoso seguiría a Ulises así fuese al mismo infierno. Llegaron al pequeño establo y allí Ulises ensilló a Jesica, su yegua, un hermoso corcel color blanco como una nube. Necesitaba ir más rápido, no porque tuviese un límite de tiempo, sino porque estaba ansioso.
A Estrepitoso le resultó complicado seguir las zancadas de Jesica, aún así procuró no perder de vista a su amo y seguirlo a su ritmo. Las gotas frías golpeaban la cara y el cuerpo de Ulises, a veces le resultaba difícil la visión, pero tenía que encontrar ese limonero. Jamás en sus setenta años de vida había hecho caso a un simple sueño, pero ese era especial, había sido tan real que cuando Ulises lo recordó no pudo sino actuar aunque pareciera una estupidez lo que estaba haciendo. Si al final de cuentas no encontraba el árbol resplandeciente de limones perfectos lo mandaría a la mierda y volvería a su casa a tomar un mate calentito, pero, por lo pronto, necesitaba intentar la búsqueda.  Mientras cabalgaba a buen ritmo atravesando la tempestad recordó a qué hora se haría de noche, “el almanaque de esta mañana decía: El sol se pone a las 18:55”. No llevaba reloj consigo pero sabía que no faltaba mucho para que anocheciera, además el clima ayudaba a que todo estuviese más oscuro. La pobre Jesica comenzaba a manchar su virgen color blanco, Ulises prometió darle una buena lavada cuando regresaran.
Transcurridos unos cuantos minutos se sintió muy orgulloso de sí mismo por haber hecho caso a su sueño. A la distancia pudo divisar a Modesto erguido sobre un caballo negro azabache. Aceleró el paso para encontrarse con él cuanto antes. La lluvia se convirtió en llovizna cuando Ulises frenó su yegua frente a Modesto, al rato llegó también Estrepitoso con la lengua colgando como una prenda puesta  a secar.
_ Verá Don Modesto, anoche soñé con usted y sentí que tenía que buscarlo. Pensará que soy un viejo loco.
_ Nada de eso Ulises. – replicó Modesto. Era un hombre de modales refinados, de buen temple físico y parecía muy seguro de lo que hacía (pese a estar parado en medio del campo un día como ese). – Verá que yo sabía que nos encontraríamos aquí.
Trataron de ponerse al día. Modesto ya sabía del limonero y, más que un hombre desorientado por sus sueños como era Ulises, parecía una especie de guía.
Cuando comenzaron a cabalgar, la lluvia ya había menguado y el camino se hizo un poco más transitable. Resulta irónico hablar de “camino” teniendo en cuenta que Ulises no tenía idea hacia dónde se dirigía. Algunos rayos de un sol que comenzaba a dormirse alumbraron el horizonte iluminando un paisaje natural hermoso, los árboles que iban perdiendo de vista con el andar dejaban caer de sus hojas gotas cristalinas, el césped aún mojado brillaba como si estuviese encerado y a lo lejos en el cielo podía divisarse un arcoiris magnífico. Entonces, en un momento dado, Estrepitoso comenzó a ladrar y dar volteretas, Jesica hizo un leve relincho y Ulises Balaguer agradeció a dios tener el sentido del olfato intacto, pues de aquel limonero resplandeciente, que no parecía haber sido atacado por la tormenta, se podía percibir un aroma a fruta y naturaleza que invadió el aire y las narices de los allí presentes. Estaba bastante escondido, camuflado entre otros árboles.
Modesto se bajó de su caballo y arrancó una hoja del árbol, acto siguiente la olió y suspiró.
Ulises también descabalgó de Jesica y caminó rumbo al limonero. Fue entonces cuando, a medida que avanzaba, sintió una y otra vez ese shock que lo había acusado un rato antes en la casa. La diferencia fue que esta vez fueron más poderosos, tanto que su entorno comenzó a remolinarse como una tempera que es revuelta por un dedo. Modesto permaneció siempre impasible, sabiendo todo lo que estaba sucediendo y fue su última imagen lo que Ulises vio antes de desmayarse en un mar de recuerdos.
Tenía doce años, octubre, sus pequeños brazos abrazaban fuertemente la cintura de su madre que cabalgaba a un ritmo veloz. La escuchaba gritar de alegría “Vamos Jesica, quiero que el viento me dé en la cara” y él sonreía al ver como aumentaban el ritmo, pese a que por dentro estaba bastante asustado por el vértigo. Atravesaron un buen tramo del campo con rapidez hasta que llegaron a un lugar que su mamá consideró propicio para descansar.
_ Acá vamos a plantar el limonero, Ulises. – le dijo ella con esa sonrisa optimista que Ulises recordaría hasta sus setenta años de vida.
Él se contagio de esa felicidad y ayudó a su mamá a cavar un pequeño pozo. Cuando terminaron se quedaron un buen rato sentados en el pasto observando el arbolito.
_ En unos años crecerá y dará limones perfectos. – le afirmó ella.
Al regresar a la casa le contó todo lo que había hecho a su padre que los estaba esperando con una cena deliciosa. Él era feliz.
Pero la trágica muerte de su madre hizo que Ulises olvidara para siempre el limonero. Era una mañana de junio cuando se enteró que tenía un tumor maligno en la cabeza. Los tratamientos fueron largos y estresantes, su padre solía llevarla hasta el hospital de la ciudad y lo dejaba a cargo, de tan joven, de todo el campo. Así pasó varias tardes de aburrimiento y desolación, de anhelo de montar sobre Jesica junto a su madre y que el viento extirpase su enfermedad. Pero eso jamás sucedió y ella murió meses más tarde. Para cuando la adolescencia le daba la bienvenida se descubrió como un muchacho triste que vivía sólo con su padre en medio de la naturaleza.
Quién no pudo superar jamás la muerte de su madre fue Jesica, la yegua fue encontrada muerta por Ulises semanas después. Jamás trataron de buscar una causa a su muerte, pues era obvio que había muerto de tristeza.
Cierta tarde de primavera, cuando regresaban del campo en la vieja camioneta roja de su padre, encontraron un perro cachorro al costado del camino de tierra. Estaba abandonado a su suerte, necesitaba leche o moriría. Ulises, ya convertido en un hombre adulto, no dudó en pedirle a su padre que frenara la chata. Aquella pulguita negra con una manchita blanca removió todo su interior con solo levantarlo. Estaba totalmente decidido a criarlo. Fue su padre quien decidió que el perro se llamase Estrepitoso. El fallo fue tomado cuando el perro se ganó dicho nombre tras arruinar todos los cordones de las zapatillas, hacer pis donde le diera la gana y cortar el más armonioso silencio con sus ladridos agudos. Sin embargo, el animal trajo felicidad a esas dos personas.
Pero lo trágico no habría de acabar aún. Pasado aproximadamente un año de encontrar a Estrepitoso, Ulises se encontraba leyendo en una cama paraguaya a la sombra de un árbol cuando vio cruzar la tranquera un auto de la policía. El oficial le preguntó si la descripción de la camioneta y la patente coincidían con la de su padre. Esa mañana habían encontrado el vehiculo en una banquina totalmente destrozado muy cerca de allí. En él fueron hallados tanto su padre como Estrepitoso… muertos. El perro solía acompañar a su padre a la ciudad a hacer las compras.
_ Al parecer sufrió un paro cardíaco mientras manejaba y perdió el control del volante.
Esas fueron las explicaciones del oficial.
El destino parecía adjudicar soledad a Ulises Balaguer. Ya abatido se rindió a una vida alejada de la sociedad y de las relaciones. Su existencia fue un resistir. Jamás pensó en el suicidio pues comprendió que, así como a sus seres queridos les había llegado Modesto, también lo haría a él. Y así fue.
Despertó sin dolor, a su alrededor calma, cielo despejado. Sus pupilas hicieron contacto con el limonero de su madre y sus frutos dorados, con la yegua Jesica y con Estrepitoso que movía la cola y daba volteretas. Sus dedos, totalmente rejuvenecidos, arrancaron un poco de pasto y luego lo dejó mecerse al viento. Logró sentarse y acariciar a su perro. Lejos, en el horizonte divisó la silueta de Modesto alejándose en su caballo negro, como un héroe que se retira de la escena tras cumplir su objetivo.
_ No fue un sueño, Modesto fue la conexión. – susurró. Luego se puso de pie, montó sobre Jesica, sonrió por primera vez tras incontables años y dijo en voz alta:
_ Vamos amigos, mamá y papá nos esperan en casa con una deliciosa cena. Apuesto que hoy no anochecerá a las 18:55.

El carro de la vida

 Muy buena letra la de esta canción.



El carro de la vida

Yo que a la vida le he dao un montón de bocaos aún tengo hambre,
y sin alardes pateo por este jaleo en busca de aire,
pues se que tarde o temprano vendrá una mano sin miedo a cobrarme
y esta no se anda con cuentos, ni pierde el tiempo ni viene en balde. (No viene en balde…).

Así que voy a seguir en este festín orquestao por los años,
pillando de aquí y de allí, limando los tajos y los golpes bajos
leyendo las cicatrices de las heridas que adornan mi vida que a poco que se descuida se vuelve a cortar
y me unto con sal y sano enseguida, le doy al panal otra ristra de muerdos
y guardo el recuerdo pa que no digan que fue un farol,
y busco timón si voy a la deriva y me hago terrón pa no entrar en la criba
y si en la pelea sufro desgarro me arreglo con barro.

Y subo al carro de la vida, a seguir batallando mientras vayan quedando cartas pa la partida,
y subo al carro de la vida, del que empujan los años y tiran los días…
del que empujan los años y tiran los días

Y yo que he tenío algún aviso, con más gana piso por estos lares,
mostrando mis malabares, cogiendo oficio hasta que me gaste.
Sabiendo que mi fortuna no sólo es la luna también son mis pasos,
y si mis pasos no avanzan me las apaño.
Y como del cielo, bebo de charcos, marco tu cuerpo en mi retina,
y bajo una encina tiendo tus besos para dormir,
y me despierto y busco alegría pruebo sabores que trae el nuevo día, y cojo de guía la cola de viento que a mi pecho amarro...

Y subo al carro de la vida, con lo bueno y lo malo que tienen los palos que nos endiñan,
y subo al carro de la vida, del que empujan los años y tiran los días…
del que empujan los años y tiran los días...

Hoy te quiero a mi lado por si sufro averías.

Mi cumpleaños veintidós, abuela.


En un ardid de rememoración:

Las golosinas para la cama,
El pan a veinte centavos,
La máquina para hacer pastas,
Los deberes obligados,
Las anginas inclementes.

Los viajes a Mar del Plata,
Que acá está Azul, que después viene Tandil,
ya casi llegamos.

¿Mañana puedo faltar a la escuela?
Regañina y alianza, no le decimos a mamá.
En la tele pasan Franklin y Las tres mellizas
En mis manos el té con leche.

¡Alaridos y lágrimas!
¡¡Primer premio en narrativa!!

Tu cruz en mi cuello,
En mi pecho,
En mi niñez,
En mi porvenir.

Tu destino será el mío.
Mi destino será el tuyo.
Hoy cumplo veintidós,

Vos eternidad.

Feliz día del amigo

LOS AMIGOS

En el tabaco, en el café, en el vino,
al borde de la noche se levantan
como esas voces que a lo lejos cantan
sin que se sepa qué, por el camino.

Livianamente hermanos del destino,
dióscuros, sombras pálidas, me espantan
las moscas de los hábitos, me aguantan
que siga a flote entre tanto remolino.

Los muertos hablan más pero al oído,
y los vivos son mano tibia y techo,
suma de lo ganado y lo perdido.

Así un día en la barca de la sombra,
de tanta ausencia abrigará mi pecho
esta antigua ternura que los nombra.


Julio Cortázar

Dos de Raymond Carver

  "¿Y conseguiste lo que querías en esta vida?"
Lo conseguí
¿Y qué querías?
Considerarme amado, sentirme
amado en la tierra"
 
 
Lluvia

Me desperté esta mañana con
unas ganas tremendas de quedarme todo el día en la cama
leyendo. Luché contra ello durante un rato.

Me asomé entonces a la ventana y estaba lloviendo.
Y me rendí. Me dediqué por entero
al cuidado de esta mañana lluviosa.

¿Viviría mi vida otra vez?
¿Con los mismos errores imperdonables?
Sí, a la mínima posibilidad que tuviera. Sí.

comúntxt.: El hombre de saco y sombrero.

comúntxt.: El hombre de saco y sombrero.: La muerte lo acechaba y lo sabía. Julio padecía varias enfermedades juntas y su edad no le daba chances para lucharlas. Se encontraba e...

Estrenando cuadro del cronopio

Espero que les guste, ya lo tengo colgado en la pared.

"Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio.Vos dirás que la eligen porque la aman yo creo que es al revés.
A Beatriz no se la elige,a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto."

Rayuela.-Julio Cortazar

García Márquez sobre Cortázar

Fui a Praga por última vez hace unos quince años, con Carlos Fuentes y Julio Cortázar. Viajábamos en tren desde París porque los tres éramos solidarios en nuestro miedo al avión y habíamos hablado de todo mientras atravesábamos la noche dividida de las Alemanias, sus océanos de remolacha, sus inmensas fábricas de todo, sus estragos de guerras atroces y amores desaforados. A la hora de dormir, a Carlos Fuentes se le ocurrió preguntarle a Cortázar cómo y en que momento y por iniciativa de quién se había introducido el piano en la orquesta de jazz. La pregunta era casual y no pretendía conocer nada más que una fecha y un nombre, pero la respuesta fue una cátedra deslumbrante que se prolonga hasta el amanecer, entre enormes vasos de cerveza y salchichas de perro con papas heladas. Cortázar, que sabía medir muy bien sus palabras, nos hizo una recomposición histórica y estética con una versación y una sencillez apenas creíbles, que culminó con las primeras luces en una apología homérica de Thelonius Monk. No sólo hablaba con una profunda voz de órgano de erres arrastradas, sino también con sus manos de huesos grandes como no recuerdo otras más expresivas. Ni Carlos Fuentes ni yo olvidaríamos jamás el asombro de aquella noche irrepetible. Doce años después vi a Julio Cortázar enfrentado a una muchedumbre en un parque de Managua, sin más armas que su voz hermosa y un cuento suyo de los más difíciles: La noche de Mantequilla Nápoles. Es la historia de un boxeador en desgracia contada por él mismo en lunfardo, el dialecto de los bajos fondos de Buenos Aires, cuya comprensión nos estaría vetada por completo al resto de los mortales si no la hubiéramos vislumbrado a través de tanto tango malevo; sin embargo, fue ese el cuento que el propio Cortázar escogía para leerlo en una tarima frente a la muchedumbre de un vasto jardín iluminado, entre la cual había de todo, desde poetas consagrados y albañiles cesantes, hasta comandantes de la revolución y sus contrarios. Fue otra experiencia deslumbrante. Aunque en rigor no era fácil seguir el sentido del relato, aún para los más entrenados en la jerga lunfarda, uno sentía y le dolían los golpes que recibía Mantequilla Nápoles en la soledad del cuadrilátero, y daban ganas de llorar por sus ilusiones y su miseria, pues Cortázar había logrado una comunicación tan entrañable con su auditorio que ya no le importaba a nadie lo que querían decir o no decir las palabras, sino que la muchedumbre sentada en la hierba parecía levitar en estado de gracia por el hechizo de una voz que no parecía de este mundo. Estos dos recuerdos de Cortázar que tanto me afectaron me parecen también las que mejor lo definían. Eran los dos extremos de su personalidad. En privado, como en el tren de Praga, lograba seducir por su elocuencia, por su erudición viva, por su memoria milimétrica, por su humor peligroso, por todo lo que hizo de él un intelectual de los grandes en el buen sentido de otros tiempos. En público, a pesar de su reticencia a convertirse en un espectáculo, fascinaba al auditorio con una presencia ineludible que tenía algo de sobrenatural, al mismo tiempo tierna y extraña. En ambos casos fue el ser humano más importante que he tenido la suerte de conocer.

Arte y sueño

Usted ha dicho a menudo que el arte y el sueño tienen parentesco.

Claro, al menos en el primer momento. En el momento en que el artista se sumerge en el inconsciente, como cuando te dormís. Pero luego sucede un segundo momento, que es de expresión, observá bien: de ex-presión, de presión hacia fuera. Por eso el arte es liberador y el sueño no, porque el sueño no sale. El arte sí, es un lenguaje, un intento de comunicación con otros. Gritás tus obsesiones a otros, aunque sea con símbolos. Lo que pasa es que ya estás despierto y a esos símbolos se mezclan entonces lecturas, ideas, voluntad creadora, espíritu crítico. Ahí es cuando el arte se diferencia radicalmente del sueño. ¿Comprendés? Pero no podés hacer arte en serio sin esa sumersión inicial en el inconsciente. Por eso es ridículo lo que proponen esos tontos: el deber de un arte nacional y popular. Como si antes de dormirte te dijeras: bueno, ahora a tener sueños nacionales y populares.
   Silvia se rió.
Ernesto Sabato. Abaddón el exterminador (1974).

Las armas secretas - Julio Cortázar


"Esto lo estoy tocando mañana"

Las armas secretas pueden ser una carta, una cámara de fotos, un saxo o incluso personas. Este libro contiene cinco relatos que dejan al lector sin aliento. Cada uno de ellos es una obra de arte.
La antología se compone de:

Cartas de mamá
Los buenos servicios
Las babas del diablo
El perseguidor
Las armas secretas

"[...] Si encontráramos la manera podríamos vivir mil veces más de lo que estamos viviendo por culpa de los relojes, de esa manía de minutos y de pasado mañana..."

"En realidad las cosas verdaderamente difíciles son todo lo que la gente cree poder hacer a cada momento."


Me lloran las palabras

Me lloran las palabras,
¡Cuantos improperios
al aire regalaría!
El camino sigue esperando,
hay tigres agazapados,
¡Y los pájaros que murieron hoy!
Mas cuantos otros aún vuelan.

Me lloran las palabras,
un río seco (el hambre insaciable)
El camino sigue esperando,
agazapado observo a los tigres agazapados,
velo a los pájaros caídos,
¡pan urgente!
para los que aún aletean.

Me lloran las palabras,
estado anémico literario.
El camino sigue esperando,
los tigres viven en soledad,
los pájaros en bandada.
Dulce trino de libertad,
de esperanza,
de resurrección.

Lloren palabras, lloren,
pero no se vayan nunca,
jamás.


Abrí los ojos para ver, con el destino me encontré

Hola blog, hace bastante que no comento nada. El viernes me di cuenta que estuve mucho tiempo sin querer ver. Resulta que estaba en clase de Análisis de sistema y, mientras la profesora nos hablaba de la cantidad de horas que vamos a tener con ella (muchísimas), empecé a pensar que los temas me aburrían soberanamente. Todo lógica, entrevistas a una empresa, análisis de un sistema, cosas así. Y entonces me puse a imaginar cómo sería si la profesora estuviese hablando de literatura y escribiendo sobre ello en el pizarrón. Qué interesante me resultaría tener una clase sobre eso, leer fotocopias sobre eso, leer autores, biografías, estructuras de textos y oraciones, análisis pero de texto, etc.
Me di cuenta que, por más que las letras no me darían mucho trabajo, era lo que realmente quería estudiar y cursar.

Así que espero recibirme este año o a comienzos del que viene de Analista de sistemas para poder empezar con lo que realmente me gusta, letras. Y si pego un trabajito de analista o programador mientras tanto, mejor.

Poema del poeta griego Arquíloco

Corazón, corazón, si te turban pesares
invencibles, ¡arriba!, resístele al contrario
ofreciéndole el pecho de frente, y al ardid
del enemigo opónte con firmeza.
Y si sales vencedor, disimula, corazón, no te ufanes,
ni, de salir vencido, te envilezcas llorando
en casa. No les dejes que importen demasiado
a tu dicha en los éxitos , tu pena en los fracasos.
Comprende que en la vida impera la alternancia.
 
 Arquíloco 

Los delfines

Los delfines

Los delfines no juegan en las olas
como la gente cree.
Los delfines se duermen bajando hasta el fondo del mar.
¿Qué buscan? No sé.
Cuando tocan el fin del agua
despiertan bruscamente
y vuelen a subir porque el mar es muy profundo
y cuando suben ¿qué buscan? No sé.
Y ven el cielo y les vuelve a dar sueño
y vuelven a bajar dormidos,
y vuelven a tocar el fondo del mar
y se despiertan y vuelen a subir.
Así son nuestros sueños.


Silvina Ocampo

Bolaño


"La literatura se parece mucho a las peleas de los samuráis, pero un samurái no pelea contra un samurái: pelea contra un monstruo. Generalmente sabe, además, que va a ser derrotado. Tener el valor, sabiendo previamente que vas a ser derrotado, y salir a pelear: eso es la literatura"
Roberto Bolaño

Ser cronopio


La leyenda del tiempo


El sueño va sobre el tiempo
flotando como un velero.
Nadie puede abrir semillas
en el corazón del sueño.
¡Ay, cómo canta el alba, cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!
El tiempo va sobre el sueño
hundido hasta los cabellos.
Ayer y mañana comen
oscuras flores de duelo.
¡Ay, cómo canta la noche, cómo canta!
¡Qué espesura de anémonas levanta!
Sobre la misma columna,
abrazados sueño y tiempo,
cruza el gemido del niño,
la lengua rota del viejo.
¡Ay, cómo canta el alba, cómo canta!
¡Qué espesura de anémonas levanta!
Y si el sueño finge muros
en la llanura del tiempo,
el tiempo le hace creer
que nace en aquel momento.
¡Ay, cómo canta la noche, cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!

Federico García Lorca

Recuento 2012

Mmm estaba aburrido, así que decidí mostrar cuales son los libros que leí durante el 2012:

Enero
Juego de tronos (CdHyF 1) George R. R. Martin
El lobo estepario Hermann Hesse
Bestiario Julio Cortázar
Febrero
Todo lo que muere John Connolly
Horizonte azul Wilbur Smith
Marzo
Choque de reyes (CdHyF 2) George R. R. Martin
La hojarasca Gabriel García Márquez
Abril
El juego del ángel Carlos Ruiz Zafón
Mayo
Todos los fuegos el fuego Julio Cortázar
Tormenta de espadas (CdHyF 3) George R.R. Martin
Junio
El fantasma de Canterville Oscar Wilde
Julio/Agosto
Rayuela Julio Cortázar
Septiembre
Shogun James Clavell
Octubre / Noviembre
Los hermanos Karamazov Fedor Dostoievski
Diciembre
Misery Stephen King

Una buena cantidad ^^ Fue un año bastante cronopio. Recién me doy cuenta que no leí nada de Murakami, será cuestión de reencontrarme este año con el nipón.

San Valentín.


- ¿Amor? -
Que sabrán los poetas y sus míseras bocas de amor, que doctrina habrá en acariciar pieles desde sus versos de mierda, sus falsas vidas, sus supuestos afligidos semblantes, de sus torturadas vidas me río yo, porque yo he visto poesía en las caras y los días de los míos, en callos y sudores, en enfrentadizas miradas a un mundo que no vereis ni en el más abyecto de vuestros sonrosados sueños, en pieles tatuadas por soles navajeros y vientos del sur, yo he visto poesía en madrugadas en vela, en las paredes de mi casa, he visto poesía huir de papeles, dogmas y métricas, poesía sin lágrimas, sin malditismos ni presunción alguna, una poesía de pan y agua, de te quiero porque sí, la que me trajo vida y se la llevará, la que te ofrezco, mundo de mierda, mientras viva.

KUTXI ROMERO

Venas con humo y palabras

Que la vida es muy puta y yo me he vuelto muy malo



La vamos a tener si no puedo dar trotes,
si quieres meter alpiste en mis barrotes,
y no hay dios ni fe que me discuta,
que me vuelvo muy hijoputa si me da...
prefiero tener vacío el comedero,
ya le tiraré bocaos al mundo entero,
luego miraré donde lo escupo,
se revuelve y yo me ocupo de mirar...
Si no hay pa comer me subiré al manzano,
para verlas venir en un carromato
de cosas por hacer, de ciegos dando palos,
que la vida es muy puta y yo me he vuelto muy malo,
y si encarta soledad, pues soledad pal saco,
lo mismo me dará dar como ser dado,
que no pienso dejar ná de ná pa los gusanos,
la luna me maúlla pa que yo menee el rabo,
A la altura del perejil se han quedado todos mis sueños,
me hago un vestido con tó lo que he perdido
y ya tiene sentido sonreir,
lleva volantes pa mentir, para ondularme como el trigo,
y así decir, que desde que te has ido
la bailo igual contigo que sin ti,
Si intentas comprender mis noches de desvelo
me quieres comprar con puñaos de caramelos,
manojos de perder, con jugo de los charcos,
machaca el almirez, me tienes en tus manos,
y ojalá te vaya bien, y pa pasar el rato
tú siembra para ti, y más cuando me callo,
me callo lo que hay, lo que hay es lo que toca
y pa tocar el corazón es mejor no abrir la boca,
A la altura del perejil se han quedado todos mis sueños,
me hago un vestido con tó lo que he perdido
y ya tiene sentido sonreir,
lleva volantes pa mentir, para ondularme como el trigo,
y así decir, que desde que te has ido
aún nadie me ha vencido,
Hoy quiero poner mi reino de despojos en estos lugares,
donde la primera vez pusimos al alba a hacer malabares,
y no he de volver a ver el sudor empañando portales,
me sale tan mal cuando miro hacia atrás...
Me abriré las venas, me saldrán palabras,
guárdate el cencerro, pónselo a otra cabra,
que a mí no me cabe, que llevo colgando
demasiadas llaves, todos los quebrantos,
A la altura del perejil se han quedado todos mis sueños,
me hago un vestido con tó lo que he perdido
y ya tiene sentido sonreir,
lleva volantes pa mentir, para ondularme como el trigo,
y así decir, que desde que te has ido...
No me pienso quedar, ni un momento ni un rato,
para planear quién pagará los platos
de mi desespere, mi sofoco,
sé de quién se ha vuelto loco de esperar,
la vamos a tener...


"Alma desnuda"

"Alma desnuda"

Soy un alma desnuda en estos versos,
Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos dispersos.

Alma que puede ser una amapola,
Que puede ser un lirio, una violeta,
Un peñasco, una selva y una ola.

Alma que como el viento vaga inquieta
Y ruge cuando está sobre los mares,
Y duerme dulcemente en una grieta.

Alma que adora sobre sus altares,
Dioses que no se bajan a cegarla;
Alma que no conoce valladares.

Alma que fuera fácil dominarla
Con sólo un corazón que se partiera
Para en su sangre cálida regarla.

Alma que cuando está en la primavera
Dice al invierno que demora: vuelve,
Caiga tu nieve sobre la pradera.

Alma que cuando nieva se disuelve
En tristezas, clamando por las rosas
con que la primavera nos envuelve.

Alma que a ratos suelta mariposas
A campo abierto, sin fijar distancia,
Y les dice: libad sobre las cosas.

Alma que ha de morir de una fragancia
De un suspiro, de un verso en que se ruega,
Sin perder, a poderlo, su elegancia.

Alma que nada sabe y todo niega
Y negando lo bueno el bien propicia
Porque es negando como más se entrega.

Alma que suele haber como delicia
Palpar las almas, despreciar la huella,
Y sentir en la mano una caricia.

Alma que siempre disconforme de ella,
Como los vientos vaga, corre y gira;
Alma que sangra y sin cesar delira
Por ser el buque en marcha de la estrella.



Alfonsina Storni

Cortázar y el reloj/ El presente y el celular.


Hoy estuve pensando mucho en lo que escribió Cortázar sobre las "instrucciones para dar cuerda a un reloj". De alguna forma me resulta inevitable compararlo con el presente y los teléfonos celulares.

Esto dijo Cortázar en su momento:

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

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 Me pregunto qué pensaría Julio si aún viviera (físicamente claro) y observara que si un reloj era todo aquello que menciona, un celular hoy es el triple. Las personas no pueden estar más de cinco minutos alejadas de su celular, de hecho si lo tienen a más de cinco metros ya lo andan buscando como si les faltara una parte de sí mismas. En las comidas, en las charlas, en todo, se quedan absorbidos al twitter, al facebook, a los chat. ¿El celular comunica o incomunica? ya no sirve sólo para mandar un mensaje o llamar, es prácticamente una computadora que cabe en el bolsillo y ha convertido a las personas en sus esclavos. Es "algo que es tuyo pero no es tu cuerpo". Tenés la necesidad de cargarlo todos los días, el miedo a perderlo, cargarle saldo, de que se rompa.
"Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu celular con los demás celulares. No te regalan un celular, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del celular."

Por favor pensemos, la persona que tenemos al lado es más importante que navegar en un celular, compartamos conversaciones o silencios, eso es mejor.

Tenía ganas de comentar esto, la verdad que hoy me fui de un lugar bastante triste por esta razón.

Un verso diario...



mmm hoy si tendría que pensar en algunas palabras, se me vienen estas a la mente:

Pero sé que conozco a muchas gentes
a quienes no conozco.


---- Bécquer-----


Tengo algunas dudas sobre alguna persona....

Carta a un amigo.


 
¿Qué te puedo decir mi amigo? Si vos entendés la vida mucho mejor que yo, naciste sin el trágico don del pensamiento y sabés actuar mejor que yo. Cuando estás triste basta con un par de caricias para que te repongas y cuando estás alegre (prácticamente siempre) movés la cola y alegrás a toda la familia que tanto te necesitó estos años y te necesita todavía.
¿Cómo te explico sobre el mundo? A lo mejor es mejor que no sepas que allá afuera hay perros que no tienen tu misma suerte y pasan hambre y frío. Y mejor ni te hablo de las personas, somos mucho peores que ustedes. Sí, nos vestimos para ocultar la vergüenza y nos vestimos para ocultar nuestros sentimientos. Vos no vas a entender nunca el significado de la palabra orgullo o envidia. El mundo está lleno de personas así. A vos te basta con un poco de afecto y lealtad, alguien que te dé de comer para convertirlo en tu compañero de vida y dar la tuya a cambio. Nosotros somos diferentes, demasiado. Nunca nos llenamos y siempre pedimos más y generamos conflictos. Nosotros nos traicionamos, nos fallamos, ¿eso jamás entraría en tu lógica canina no?
Pero te puedo decir que también tenemos algunas cosas buenas, a veces sabemos perdonar (o fingimos hacerlo porque no hay ser humano que no olvide lamentablemente) y también intentamos amar aunque no nos salga tan naturalmente como a ustedes.
Si vos supieras Toby, que detrás de tu pelaje negro y lacio se esconde la felicidad que alimenta a una familia entera, si vos supieras...

La vida del poeta y del hombre

Buenas, quiero comentar a mis lectores que estoy contento porque pude superar algo que me tenía atado hacía varios años. Imagino que alguien más se alegrará, si es verdad eso que dicen que las alegrías cuando se comparten se multiplican. En fin, esperemos que el 2013 siga trayendo buenos vientos.

Dos poemas....

Contradicción.

¿No ves que te contradecís?
Sos una estrella que se muestra de día,
una ráfaga de viento cálido en invierno,
una metáfora en la realidad.

¿Cómo te puedo creer entonces?
Es verdad que me gusta lo incoherente,
pero no lo contradictorio.
Mucho menos en alguien que alumbra un camino
y se escabulle por el otro.

La vida del poeta y del hombre




Una hoja en blanco,                           una hoja escrita
una botella vacía,                               una botella llena
una mirada perdida,                           una mirada encontrada
un alma partida,                                 un alma entera
una mariposa muriendo,                     una mariposa naciendo
un adiós de despedida,                      un adiós con regreso
un abrazo sin amor,                           un abrazo con amor
una lengua sin palabras,                     una lengua con palabras
un rostro gélido                                 un rostro cálido
--- sangre de color penumbra---      ---sangre de color escarlata---
un anhelo y una utopía                       un hecho y un logro




Desarraigo

Sé que al destino volveremos a engañar
por que no se acostumbre a nuestra rareza,
por que nunca más nos vuelva a manejar…

Sobre mí

Mi foto
No me sé describir a mí mismo. Lo dejo a la percepción del que me conoce y al prejuicio del que no.

Los atrapados en el espacio surrealista:

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