Nuevo poema.



Espejo

Ante el espejo no sabés si mirás o sos mirado.
Te sentís ajeno a tu ser. ¿Es eso la libertad? ¿La poesía?
¿Lo que los poetas llaman volar?
Querés una mano y la acercás contra el vidrio.
Ambas se conectan. ¿Por qué se sienten tan frías al tacto?

Arrimás tu cara entonces, la pegás contra el cristal.
La frente se emblanquece.
El sujeto de aquel otro mundo hace lo mismo,
pero está apático, lejano, y no encontrás consuelo
ni siquiera a través de un suspiro, 
que sólo empaña y distorsiona la imagen.

Un golpe destruye esa cara que busca compañía.
Se despedaza el espejo, la sangre brota.
¡Al fin algo caliente! - Exclamás.
El líquido carmesí se extingue (Siempre sucede).
Es igual al tiempo, al viento,
a las hojas que se secan.

Pero algo queda (esto también siempre sucede),
el recuerdo, esa película cuando te ensimismás,
lo que el viento agitó, pero aún sigue allí,
ese árbol desnudo que pronto mecerá nuevas hojas.

En la infinita alternancia, permanece un rastro:
Una cicatriz en lo profundo de tu esencia
o una sonrisa que queda estática en tu retina;
Y ambas te dicen ¡Pero che, si estás vivo!

Aquellos sentimientos más profundos: la sed insaciable,
la descendencia de la sangre y la voluntad,
los libros, el mundo dentro de otros mundos.
el universo al final, es decir, al principio
son tu fe y lo sabés bien.

Ahora desistís de mirar tu reflejo en el espejo ya roto.
No hay lugar en esos ojos para la soledad.
Es hora de observar hacia otro lado
Desear,
Buscar,
Ver,
Sentir
Alguien a tu lado.
Es hora de sanar la herida.

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Sobre mí

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No me sé describir a mí mismo. Lo dejo a la percepción del que me conoce y al prejuicio del que no.

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