La última aventura


Una historia de piratas bastante rara. Espero que les guste.

La última aventura
 
            Era un día calmo en el océano Atlántico, hacían ya 3 meses que el Pirata Black y su tripulación navegaban a la deriva, al antojo del mar. Él había sido un bucanero de mucho prestigio tanto en el Nuevo Mundo como en las costas europeas y africanas. Sin embargo, había sido derrotado claramente en su último asedio en las costas del caribe. Apenas había podido escapar en su barco, semidestruido, junto con unos cuantos tripulantes. Ya sin agua, sin comida, naufragaban.
            _ No todos los imperios duran para siempre – exclamó a sus camaradas. Tarde o temprano sería derrotado, ¿como no pude saber cuando retirarme de estos mares hostiles?
            _ Ese puerto contenía mucho oro, era muy ambicioso nuestro plan capitán, ¿como negarnos? – acotó un tripulante.
            _ Ahora solo estamos a la merced de estas aguas saladas. Descansen y recen por encontrar tierra.
            Se pasaron toda la calurosa tarde mirando al mar, sintiendo tanto el viento y el sol como el hambre y la sed. Caída la noche, la mayoría de los tripulantes dormían en un estado moribundo mientras otros arrojaban frases pesimistas y de odio al mar, a aquel gigante e inmortal que tanto envidiaban. El capitán se encontraba en su camarote, recostado en una profunda y pesada oscuridad. El silencio fue roto como una tela de araña arrasada por la mano de una persona. El pirata se percató que ya no estaba solo en aquella habitación, alguien había hecho ruido a propósito para que él notara su presencia. ¿Quién podrá ser? - Se preguntaba y al mismo tiempo pensaba – los otros tripulantes están tan débiles que apenas pueden mantenerse en pie, además tenían estrictamente prohibido entrar al despacho del capitán sin previo aviso. Los pensamientos más tristes y retorcidos lo acecharon – hemos luchado por diez años juntos, confío plenamente en ellos, sin embargo, dadas las circunstancias en que estamos es bastante normal algún motín o acto de canibalismo. Al tiempo que llenaba su cabeza de desconfiadas ideas se levantó de la cama de un salto, sacó su revolver y apuntó a la oscuridad que penetraba sus ojos. Pudo distinguir una silueta, definitivamente había una persona en su camarote.
            _ ¿Quién eres? ¿Qué quieres? – preguntó Black mientras no dejaba de apuntar. Debido a la oscuridad de la sala, no podía distinguirlo, y no podía bajar la guardia encendiendo una vela. La persona que se hallaba frente a su cama no respondió ni se movió. Parecía una estatua inamovible. Black comenzó a sentirse inseguro y paranoico, la mano que sujetaba el arma le temblaba escandalosamente.
            _ Responde ahora o te disparo, - la voz de Black se irritaba - ¿acaso no sabes quien soy? Uno de los más famosos piratas, ganador de cientos duelos en alta mar, no voy a tener escrúpulos para dispararte.  – la tensión en el camarote era visible y hasta tangible, pero la persona seguía sin responder.
_ Me cansé, a la cuenta de 3 estarás muerto si no respondes. – musitó el pirata  embravecido. - ¡1! – gritó pero no hubo respuesta. - ¡2! – seguía sin señales de su receptor. - ¡3! ¡Se acabó! – pero en el momento en que Black iba a apretar el gatillo, la persona habló con voz serena.
_ Vamos, dispara. No te tengo miedo.
_ ¿Quién eres pedazo de mierda? – gritó el pirata con un vocabulario lleno de malos modales.
_ ¿Qué aún no lo sabes? Preguntó aquella oscura silueta.
_ ¿Qué tengo que saber? – respondió Black con otra pregunta. – Deja de hacerte el misterioso y habla. -  La persona no respondió.
_ ¡Te voy a matar y te voy a sacar afuera, así, de una vez por todas, sabré quien eres! – exclamó mientras el estruendo producido por su arma hacía vibrar las paredes de madera.
Black reía a carcajadas mientras trataba de esparcir con su mano derecha el humo que el arma produjo al ser disparada. Cuando el humo desapareció, el terror y el miedo lo golpearon al notar, en la oscuridad, que aquella persona seguía de pie, como si nada hubiera ocurrido. Temblando, el pirata retrocedió hasta chocar con la cama y caerse. La presencia se adelantó unos pasos como si fuese una pieza de ajedrez.
_ Mataste a muchos inocentes, robaste y violaste – le comunicó aquella voz como si estuviera leyendo todos sus pecados.
_ ¡Muchachos, vengan a mi camarote ahora mismo! – Gritó Black aterrado.
_ No te escucharán – se burló aquella voz. – ellos ya han desembarcado. - Black sintió un gran alivio al saber que había llegado a la anhelada tierra firme.
_ Entonces, ¿tú nos rescataste? – preguntó con voz temblorosa y dubitativa.
_ Jajajajaja – rió estrepitosamente la otra persona. – si, uno por uno, tu eres el único que me faltaba rescatar.  – con más confianza, Black se atrevió a pararse nuevamente y disponerse a salir.
_ Muy bien, salgamos entonces. – la inocencia lo había cegado.
_ Por supuesto, salgamos. – respondió la persona captando la inocencia que el pirata le arrojaba.
Al salir del camarote todo seguía tan oscuro como dentro de éste.
_ ¿Qué carajo está pasando? ¡No puedo ver nada! – caminó por la cubierta del barco en una absoluta ceguera hasta que, poco a poco, todo se fue aclarando. Black pudo diferenciar la tierra, bajó del barco y preguntó a la persona que notó que iba detrás de él.
_ ¿Que país es? ¿Dónde estamos? – al darse vuelta mientras interrogaba diferenció a aquella silueta. Ya no era oscura a sus ojos, ahora tenía forma, una apariencia mucho más aterradora para la mente y el pasado del bucanero. La persona era de vidrio, un espejo con forma humana. De repente aquel espejo empezó a reflejar escenas y personas que Black conocía perfectamente y lo habían atormentado durante años en sus sueños. Si, eran las escenas de su pasado, todos sus crímenes y asesinatos, todos llegaban a sus ojos en flashes a través de ese espejo humano. El capitán se arrodilló y vomitó. Estaba aterrado y sin habla. Aquel ente se le acercó más y más hasta que finalmente respondió a su pregunta.
_ Ésto Black, es el infierno. ¡Bienvenido!

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No me sé describir a mí mismo. Lo dejo a la percepción del que me conoce y al prejuicio del que no.

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